Éramos cuatro los inseparables: Sara, Jaime, Martina y yo. Estábamos en el último semestre de la carrera. Sara hacía el servicio social en la biblioteca central en CU. Un día llegó muy excitada:
—Muchachos, urge que nos veamos.
Se decidió que fuera en mi casa, pues siempre estaba sola. Llegamos en la noche. Con misterio sacó de su morral un librito muy viejo, con la enfermedad de la lignina que los vuelve amarillos y olorosos a placer, nos dijo que lo encontró en un rincón infecto que le pidieron ordenar.
¡El libro era una copia de la famosísima Biblia del Diablo! El original mide 90x90 y pesa 75 kilos. En 1697 Estocolmo, viernes 7 de mayo, un cuerpo yace sin vida, es el rey Carlos XI, acaba de morir, en ese momento inicia un incendio terrible, el criado más antiguo corre como poseso a la biblioteca y lanza por la ventana el manuscrito. Durante todos estos siglos quien tiene el privilegio de posar sus manos sobre él puede notar, que sólo las hojas cercanas a la enorme pintura del Satanás que aparece encarcelado, muestran sombras negras en Pandemónium. Por increíble que parezca nuestra copia del libro contenía los mismos conjuros demoniacos, exorcismos, encantos, sortilegios y también estas sombras negras adversarias de la luz.
Eso nos hizo apreciar avasallados la joya en tinta que poseíamos, así que entre más lo consultábamos una poderosa fascinación nos invadía. No sé quien lo planteó, pero resolvimos llevar a cabo un conjuro para convocar al Diablo. Cada uno pensaría su petición, lo que se necesitaba era: el libro, tres velas negras, una tiza morada, una moneda antigua de plata y hacerlo en un panteón con huesos de ahí mismo cuando el reloj marcara la media noche. Al otro día me fui al mercado de Sonora con la familia de los Maxtla, ellos me consiguieron todo y me advirtieron que una vez convocado y si en la moneda de plata aparecía luz y oscuridad, entonces no había marcha atrás.
Propuse irnos al pueblo donde vive mi familia materna. Mi abuelita nos recibió con la ternura de siempre. A las 11:30 P.M. nos encaminamos al panteón, llegando buscamos huesos de muerto de los cuales hay muchos, pues el camposanto tiene dos siglos. Con éstos formamos el triángulo, en cada esquina una vela negra encendida, con la tiza morada escribimos los tres nombres de Satán: 1. Lucifer (El Tentador) 2. Leviathan (El Rebelde) 3. Belcebú (El colaborador) El libro fue depositado al centro enseñoreando el lugar, nosotros nos colocamos junto a él con una moneda de plata. Cada uno ya tenía su petición. Lo siguiente era simple, pero terrible, teníamos que gritar con todas nuestras fuerzas tres veces ¡VEN SATAN! a la tercera vez sentiríamos su presencia dentro de nosotros. En ese momento, justo en ese momento haríamos la petición. Jaime y Sara gritaron: ¡VEN SATAN! Martina con voz débil y casi en lloro no gritó, imploró: VEN SATÁN. Yo llené de aire mis pulmones, quería contrarrestar el grito medroso de Martina, grité desgarrándome la garganta ¡¡¡VEN.. en eso se oyó una carrera desenfrenada por todo el cementerio. Martina lanzó un aullido espantoso, salió del triángulo empavorecida, llorando sin ataduras, histérica. Frustrados recogimos todo y temprano nos regresamos a la ciudad, luego de un suculento desayuno preparado por mi abue, gualumbos (flor de maguey) con huevo, frijoles y una taza de café.
Al otro día en la noche, ya recostada en mi cama, repasaba obsesivamente lo acontecido. En eso escuché que llegaron del pueblo mi tía Mary y mi tío Bonifacio, oí la voz cristalina y cálida de mi madre y su contento de recibirlos, no quise pararme, luego dejé de prestarles atención y sólo percibía en lugar de voces un ronroneo. De nuevo a pensar en lo acaecido. ¡Ah si hubiésemos concluido! Abracé el libro y con los ojos cerrados, musitando en voz baja, repasé el rito en oración.
Estoy en el camposanto a la media noche, junto los huesos, enciendo las velas negras, coloco una en cada esquina, escribo con tiza morada los tres nombres del Maligno, entro al triángulo, en el centro la biblia de satanás, yo a su lado con la moneda de plata, grito contenida pero con la voz en pálpito, VEN SATAN, VEN SATAN…VEN SATAN, inmediatamente entra en mí, lo hizo porque el rito es simulado, una mentira y donde hay mentira él gobierna.
Me pesa, mucho me pesa, casi no puedo respirar, entonces llegó el momento, hago mi petición: Rey de las tinieblas, ángel caído, serpiente del génesis de lengua bípeda, gran dragón de las siete cabezas de fuego, macho cabrío, cuervo que arrancas los ojos, gallo negro, padre de la mentira, si de verdad eres, si el Diablo existe, concédeme lo único que ambiciono: EL DON… de la escritura.
Estela González, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, abril de 2018.
Estela González, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, abril de 2018.