lunes, 15 de octubre de 2018

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío por Esteban Macotela

El insomnio ataca de nuevo, otra madrugada despierto y con lo agotado que estoy, es más mi preocupación que mis ganas de descansar, tengo la impresión de que inconscientemente mi falta de sueño, a pesar de que estoy muy cansado, es provocada por mí… me resisto a dormir. Es lógico, tengo mucho miedo, aunque lo reconozco no me alivia, esto de la paternidad a mi edad, ya no tengo la misma fortaleza de antes, no soporto las desveladas, como poco y a deshoras, sólo dormito ya que no descanso, quiero asegurarme de que estás bien, que respiras. Cada cambio de pañal por la noche es un trofeo para mí, según las indicaciones médicas es señal de que estás bien hidratado, comes lo suficiente, por lo que no dudo en levantarme cada vez que lloras y la causa es mantenerte seco y descansado.

Deseo estar despierto lo más que puedo para salir al rescate de cualquier situación que implique un llanto tuyo, la verdad he de confesar, es que disfruto mucho sacarte de tu cuna para contenerte, calmarte; una vez tranquilo colocar tu pequeña humanidad sobre mí, tanta paradoja entre fragilidad y fortaleza me hacen entender sobre lo que dicen acerca de “el milagro de la vida”; me encanta tu olor, según te estoy protegiendo, pero ¿qué tanto me estás protegiendo tú a mí?, ¿qué tanto me ayudas a relajarme?, ¿quién salva a quién? Éstas y muchas otras dudas dan vueltas en mi cabeza mientras decido disfrutar cargándote, cuidándote, ahora que estás pequeño me reconforta pensar y sentirte, no hay nada más en este mundo, sólo tú y yo, cuerpo a cuerpo, conecto con mi paternidad, con mi masculinidad.

Por lo que llego a la conclusión de que no me aqueja el insomnio como te platico, es la dulce espera de poder disfrutar de esta complicidad bajo el cobijo de la noche, se que aún no eres consciente de esta conexión, escribo estas líneas para asentar este mágico momento, no olvidar la dulce sensación, que al leerme puedas remontarte a tus primeros días de vida, puedas visualizar y evocar las emociones que pretendo transmitirte en este texto: tu padre acostado en la cama, tu madre profundamente dormida a un lado, los perros acostados a los pies de la misma, la luz de la lámpara de noche encendida, el olor a citronela combinada a tu característico perfume de bebé y tú acostado sobre mí, dormido, descansando; me invaden nuevamente los miedos, el temor a quedarme dormido disfrutando de tu cuerpo sobre el mío, puedes caer, me levanto nuevamente, te deposito en tu cuna de colecho, mientras regreso a la cama tengo sentimientos de tristeza, nostalgia, ansiedad… me digo para mis adentros…”disfruta de estos momentos, el tiempo pasa muy rápido, los bebés crecen”. 
Antes de dormitar nuevamente reflexiono sobre mi falta de sueño, decido dejar de luchar y caigo vencido dispuesto a esperar nuevamente al silencio de la noche para disfrutar de la misma historia triste, melancólica y a la vez feliz.


Esteban Macotela, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, junio de 2018. 

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