lunes, 16 de abril de 2018

¿Te ha pasado? Cuéntanos con qué  palabras por Karla Rojas

Es muy común que  en el taller  los alumnos utilicen  palabras que no tienen el significado que creían, incluso a mí  me ha pasado. Esto sucede porque escuchamos estos vocablos con acepciones incorrectas en la radio, televisión o de personas que creemos tienen un buen nivel en el uso de la palabra, por tal motivo no dudamos.

Pero qué  sorpresa nos llevamos cuando  se hace la revisión de los textos y verificados que el significado no es el que se creía o la escritura no es la correcta. 

Uno de los ejemplos que más me gusta es el de la palabra verija, mi abuela decía que nos gustaba estar pegadas a las verijas de nuestra mamá cuando estábamos abrazadas de sus piernas, creía   que era estar pegada  a la enagua,  que a la vez  pensaba que significaba falda. Una vez que veía televisión surgió la duda sobre el significado de estas  palabras.

verija. 1.f. Región  de las partes  pudendas. 

Enagua. 1.f. Prenda interior femenina similar a una falda y que se lleva debajo de ésta. Usado más en plural con el mismo significado.

                5.f.pl. Mex. Faldas. (|| autoridad o protección  materna). 

Una de mis alumnas utilizaba la palabra sobretodo por sobre todo.

sobretodo 1.m. Prenda de vestir ancha, larga y con mangas, en general más ligera que el gabán, que se lleva sobre el traje ordinario.

                     2. m. Am. Abrigo o impermeable que se lleva sobre las demás prendas. 

Sobre todo 1. locución adverbial. Con especialidad, mayormente, principalmente. 

A veces por el contexto en el que son usadas podemos intuir el significado o su correcta grafía,  pero no siempre. Lo más recomendable es verificar en los diccionarios. 

Karla Rojas, coordinadora del taller. 


viernes, 13 de abril de 2018

El diario de un presidiario por Salvador Zarco

Querido diario: la imaginé cruzar el cielo, ascender apresuradamente envuelta en una mole metálica hasta que se perdió entre la niebla y la empañada mirada de mis ojos.  Sólo el ensordecedor rugir de los motores, por unos segundos, me habló de su presencia ahí… en un punto indefinido, inalcanzable para mí, que no pude ir siquiera a despedirla al aeropuerto.

Desayuné presuroso. Las 9:20. Sólo pensaba en su partida. Las 9:21… 22… 23… 24… las 9:25 y un prolongado rugido anunciaba la partida de una nave. Dejé todo y subí presuroso a mi torre desde donde le di mi despedida cuando pensé verla cruzar el cielo. ¡Cómo ambicioné ser un ave capaz de vencer la gravedad y secundar su  vuelo! Varado en tierra firme sólo pude ascender a mi torre y durante unos segundos seguir con la mirada su raudo vuelo.

Qué cosas tiene la vida: asido a mi vieja y maltrecha torre porfiriana, con mis huaraches de Morelos y mi suéter de Chiconcuac, la vi pasar en confortable jet, con traje sastre cortado a la medida, zapatos y bolsa haciendo juego, y su pelo recogido. La vi pasar y le dije adiós y buena suerte, y ella tan alto ni siquiera se enteró.

Descendí despacio a la celda 27 y me puse a lavar mi sudadera.

Palacio Negro de Lecumberri, 14 de diciembre de 1970.



Salvador Zarco, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, marzo de 2018. 

martes, 10 de abril de 2018

Fábula por Diana Arellano

De pronto apareció volando en ese mundo gris, surcado por negros nubarrones, un ser extraño que a su paso parecía modificar el aire denso que se respiraba. ¿Qué ocurría? se preguntaban con sorpresa los platos sucios que nunca se aseaban, debido a que llenos de comida, siempre tenían que estar.

¡Esto me da miedo! Salió lentamente bostezando y diciendo con voz trémula el reloj de mesa, que hacía tiempo no quería realizar más su labor, tirándose debajo de una cama a descansar.

De pronto, el orgulloso fuego, lleno de ira, amenazando con destruirlo todo, se presentó delante del extranjero, imprecándolo por llegar a violentar la supuesta “paz” reinante en ese lúgubre lugar.

El libro, que es lo que era ese extraño ser y a quien ninguno conocía, desplegando sus dos pastas, se mostró abierto ante él y ante todos los presentes diciendo:

–Aguarda por favor, sólo debes ser heroico durante un minuto.

¿Qué dices? Yo soy el ser más valiente de este lugar y lo puedes preguntar, ¿Sabes que te puedo destruir para proteger a nuestro mundo?

No, tú sólo dejas que tu propio instinto se expanda, atemorizando a todos y causando dolor y muerte. Sólo te pido que realmente seas heroico por un minuto --insistió el libro.

Para ese momento, ya se habían acercado los golosos platos y copas llenos hasta el tope, el flojo reloj y la avara alcancía, que nunca dejaba que nadie tomara lo que caía en su interior; también llegó la temible regla, cuya soberbia no tenía fin, al creer que su medida era la única que determinaba el adecuado actuar de los demás; el vanidoso espejo, cuyo deseo más vehemente era no verse reflejado jamás en el espejo que son los otros. También se acercó el lujurioso labial rojo granate y el envidioso cofre de tesoros, que buscaba constantemente obtener para sí, los dones y riquezas que pertenecían a los demás. En fin, todos estos objetos al encontrarse sumergidos en sus propios desequilibrios, obscurecían y no permitían que su mundo floreciera.

Nuevamente el libro exclamó, ahora dirigiéndose a toda la concurrencia: 
–Por favor, sólo sean todos heroicos por un minuto.
–¿Qué quieres decir con eso? replicaron todos al unísono.

–Que durante sólo un minuto, controlemos nuestra mente y fortalezcamos la voluntad, alejándonos de los pretextos y poniéndola por arriba de nuestros deseos, sacrificando lo que nos apetece y lo cambiemos por lo que debemos hacer, esto es, obedeciéndonos. Debemos acostumbrarnos a controlar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos; debemos ser los dueños de nosotros mismos.

Se hizo un gran silencio y ante esos segundos de reflexión, en los que cada uno pudo pensar en lo que podría mejorar de su propio ser, se empezaron a disipar como por arte de magia las tinieblas y el luminoso sol de la voluntad penetró con sus rayos de colores, no sólo el intrincado mundo al que pertenecían todos estos seres-objeto, sujetos a sus pasiones, sino también a sus corazones.

A partir de ese momento, pudieron darse cuenta de la sabiduría que el libro les mostraba y decidieron ejercitarse en el difícil arte de fortalecer su voluntad creadora, a través de recordar, que antes de perderse en sus pasiones, deberían ejercer, sin pensarlo mucho, un minuto heroico, porque para ser héroes y hacer algo por los demás, debemos empezar con nosotros mismos.    

Diana Arellano, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, septiembre de 2017  


lunes, 2 de abril de 2018

Un rato nada más por Viviana Chávez

Esta mañana en la parte de atrás de un bar, hallaron sin viva a una joven venezolana. Entre sus pertenencias está un papel con el número de Samantha, a la cual llamaron para que reconociera el cuerpo.

Samantha se identificó como amiga de Susy, lloraba desconsolada y repetía una y otra vez, que le advirtió que no fuera a ese lugar, ya que habían sido amenazadas de muerte.

Recuerda que cuando se encontraban en busca de la clientela fuera del bar, un grupo de prostitutas colombianas se les acercaron con palos y armas, las empezaron a golpear en la cara y en el abdomen. ─¡No vengan por estos rumbos, son nuestros,  nos quitan a la clientela, si las volvemos a ver por aquí, ya saben lo que les espera! ─le advirtió una de ellas, mostrándoles el arma─. ¡Otra cosa más, cuidadito con ir de chillonas con los policía sobre esto, si lo hacen se las verán conmigo!  ─agregó. Ese día Susy estaba enojada con lo que le dijo la otra joven, ─¡Esa mugrienta, me la va a pagar, a mí nadie me manda, yo voy a trabajar en donde se me dé la gana! Samantha al oír esto, la hizo que se retractara por lo que dijo, quedando de promesa que no irían jamás a ese lugar.

Ambas se habían ido de su tierra, Venezuela, lo que en su niñez había sido un paraíso y tranquilidad, se había convertido, debido al gobernante, en desesperación y frustración por tener comida, así que buscaban otras oportunidades para sobrevivir, fueron con un señor al que les prometió hacerlas actrices en otro país.

Tanto la familia de Susy y Samantha no estaban de acuerdo, pero viendo la situación y que ellas tenían la posibilidad de mejorar, dejaron que se fueran, dándoles sus mejores deseos.

Samantha llegó, el señor le indicó que subiera al camión, el cual estaba lleno de mujeres jóvenes de más o menos de la edad de ella, Susy se encontraba adentro de éste sentada del lado de la ventana.

Pasó un día entero, no hizo ninguna parada, ya morían de hambre y de sed, y el señor les dio un vaso con agua de naranja, para que se refrescarán, les dijo que brindaran por su nuevo proyecto y que todo resultaría un éxito. En pocos minutos, a Susy la venció el sueño, despertó vendada de los ojos y amarrada de las manos, en una casa en la que estaba custodiada por hombres armados, le quitaron la venda de los ojos y sólo vio a algunas muchachas del grupo.

Una de ellas, pregunta: “Dónde estamos”, su respuesta fue contestada con un golpe en la cara, les dicen que éste será  su hogar y que de ahora en adelante, cada quién tendrá  que trabajar con diez hombres cada día, de lo contrario, las matarán.
Se fueron, Susy levantó a la mujer golpeada, su nombre era Samantha, las  hicieron vestirse con minifaldas, escotes bajos, tacones altos, maquillarse lo mejor que pudieran. Con el tiempo Samantha y Susy se hicieron buenas amigas y se prometieron apoyarse.



En una ocasión entró un cliente venezolano, en su ojos vi tanta bondad y ternura, que decidí contarle cómo llegamos ahí y el modo en que nos trataban, me dijo que no me preocupara,  que él nos ayudaría a escapar, por suerte su amigo estaba con mi amiga, así que pudo llamarle a su celular y decirle que debían de hacer, así que, esa noche ambas nos iríamos.

Salimos por la ventana,  nos escondimos  por los matorrales, pasó uno de los vigilantes, entre las dos, lo agarramos y le dimos un golpe en la cabeza, lo escondimos y esperamos el momento indicado para saltar la barda.

Una vez fuera corrimos todo lo que pudimos, ya estando lejos se nos ocurrió parar un taxi para que nos llevara a otra ciudad, pasaban vacíos, pero nos veían y no paraban, hasta que un señor gordo, con cara de morboso, se orilló, no tuvimos otra opción más que subir.

Llegamos a Cavo Norte, el taxi nos dio la tarifa, mi amiga y yo nos bajamos del coche, yo hacía que estaba buscando dinero, mientras mi amiga me veía, hasta que por fin, le dije que se me había olvidado la plata en casa, que se lo pagaba con otra cosa. Me asomé por la ventana mostrando mis pechos hacia él, los miraba, mientras pensaba en su respuesta, pasaron unos minutos para que contestara y aceptó sólo con la condición de que fuéramos las dos.

─¡Súbanse al coche, que no hay tiempo que perder preciosas! ─dijo el conductor, éste , las llevó al hotel más próximo que había en la zona.
A la mañana siguiente, el hombre se había ido del lugar, Samantha despertó y vio que él ya no estaba, se levantó al baño. Susy no tardó en despertar, volviéndose a tapar la cara con las cobijas.

─¡Hay que volver a hacer lo mismo, esta noche para irnos a otra ciudad, no vaya a hacer que nos volvamos a encontrar con esos señores!

─¿No podemos quedarnos aquí, en este pueblo?

─¡No, que tal si nos encuentran!


Así lo hicieron, tomaron un taxi y volvieron a ofrecer pagarle al chofer de esa manera, llegaron a Guanare. En el hotel donde se hospedaron con el taxista, decidieron quedarse, pensaron en ideas para obtener dinero, pero todas llevaban a que la opción más factible era ofrecer su cuerpo.

Fueron probando en diferentes lugares del poblado y fueron detectando las zonas en las que pagaban mejor, descubrieron que frente a un bar, les iba bien debido a que los clientes borrachos,  apenas se podían sostener, llevaban su billetera llena de plata, pero como salían en mal estado, ni veía cuando les cobraban, entonces a ellos, se los llevaban atrás del bar en donde no pasaba nadie y estaba oscuro, éstos fueron considerados como la fuente principal de ingreso para sus comidas. No pasó mucho tiempo y las envidias de las prostitutas colombinas empezaron a surgir, de manera que se reunían a escondidas para ver la manera de sacar del camino a las venezolanas.

Más tarde, un grupo de prostitutas colombianas se les acercaron con palos y armas, las empezaron a golpear en la cara y en el abdomen, ─¡No vengan por estos rumbos, son nuestros,  nos quitan a la clientela, si las volvemos a ver por aquí, ya saben lo que les espera!, ─le advirtió una de ellas, mostrándoles el arma─. ¡Otra cosa más, cuidadito, con ir de chillonas con los policía sobre esto, si lo hacen, se las verán conmigo! ─agregó. Susy estaba enojada con lo que le dijo  la otra joven, ─¡Esa mugrienta me las va a pagar, a mí nadie me manda, yo voy a trabajar en donde se me dé la gana! Samantha al oír esto, la hizo que se retractara de lo que dijo, quedando de promesa que no irían jamás a ese lugar.

Susy se paró en la avenida principal, se acercó un cliente en el carro, la invitó a subir, le mencionó que irían a tomar unas copitas a un bar famoso junto con sus amigos y que la presentaría frente a todos como su novia ─¡Ya verás cómo se morirán de la envidia!

Susy vio el bar, era el mismo al que le habían prohibido ir, a un costado estaban paradas las prostitutas colombianas, salió del coche y una de ellas la reconoció, se reunió junto a las demás, Susy estaba espantada, pero el chico la tomó del brazo y la forzó a entrar, los amigos  lo saludaron y la presumió, éstos amigos la miraron de reojo, antojándoseles estar con ella, tomaron hasta perderse, el muchacho le dijo a Susy que se fuera.

Susy salió del lugar mirando que no estuviera nadie y no vio a nadie, en la siguiente cuadra se aparecieron las colombianas ─¡Te lo advertimos! ─dijo una de ellas, golpeando con el bat. Quiso retroceder pero venían sus amigas, entre todas la comenzaron a golpear, hasta que se desmayó, una de ellas, le dio en la cabeza ─¡Está muerta! ─gritó horrorizada una de ellas. Hay que llevarla atrás del bar.

Viviana Chávez, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, octubre de 2017. 


Cómo lograr escribir por Karla Rojas

Es común escuchar a personas decir que les gustaría escribir, pero… un sinfín de excusas. Lo cierto es que muchas de éstas son parte del te...