jueves, 18 de mayo de 2017

Escribir requiere de una buena disposición por Karla Rojas

Escribir requiere de una buena disposición y de preparación. La imaginación se potencia cuanto más trabajamos para liberarla. Ya he dicho que escribir cada día de la semana y leer es una forma,  así  como escribir sobre lo que has vivido, pero si ya has agotado todas tus experiencias tienes que comenzar a ver a las personas que te rodean.

¿Tienen alguna cicatriz en el rostro o parte de su cuerpo? Crea una historia que cuente la forma  en que se hicieron de esta  marca. Ver a las personas: su físico,  la forma de interactuar, el vocabulario que utilizan, los ademanes y muecas que hacen al charlar e incluso  lo que dicen, te puede ayudar para narrar su vida (la que tú les vas a crear).

De ahora en adelante no sólo se tratará de escribir sino de observar, observar con otros ojos.


Karla Rojas, coordinadora  de taller. 



miércoles, 17 de mayo de 2017

Algodón de azúcar por Sonia Herrera

Decidí subirme al altozano para observar mejor, creyendo que esa elevación era natural; grande fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba parada sobre un altísimo cerro de basura. Bajé de mi otero y comencé a caminar, o mejor dicho, a tropezarme con la gran cantidad de desperdicios. Fue como entrar a otro mundo; a un mundo bizarro, un mundo paralelo que difícilmente uno puede imaginar que exista. Es cierto que había escuchado historias acerca de este lugar y sus habitantes, pero, ¡verlo ahí, frente a mí, dándome la bienvenida con sus olores rancios, fétidos, que se impregnaban de manera sarcástica en mi ropa, en mi pelo, en mi piel, en mi conciencia!, ¡fue algo realmente inverosímil! De pronto vi a decenas de hombres y mujeres que aparecían, cual fantasmas, deslizándose entre los túmulos de desechos. ¡Eran los pepenadores! Hurgando entre cajas, televisores descompuestos, colchones rotos, latas, papeles, bolsas plásticas, llantas, ropa, ¡cadáveres!; con la finalidad de hallar aquello que aún puedan comercializar, aquello que les pueda ser útil.

Me adentré un poco más, puse sumo cuidado en cada paso que daba, pues corría el riesgo de pisar, entre tanta inmundicia, algo que pudiera herirme; aunque nada se habría comparado con el dolor que sentí al descubrir, entre miles y miles de toneladas de basura, ¡a unos niños!  inocentes rodeados de jugos tóxicos que salen de bolsas repletas de desechos orgánicos. Los más grandes, trabajaban también en la pepena al igual que sus padres,  y los pequeños creciendo como pueden, ahí, entre tanta basura; hijos de la pobreza extrema, de la crianza negligente provocada por la necesidad, la ignorancia y la miseria.

Un zumbido que vibraba bajo mis pies, me anunció el inicio de la delirante y libertina danza que millones de moscas se preparaban a realizar. Me di cuenta que cuando éstas vuelan, el cielo se ennegrece, de tal manera, que parece un eclipse total de sol. Los pequeñines, descalzos, con espadas hechas con palos, golpean la costra de moscas, deseando que al menos un rayito del sol poniente, dé calor a sus almas y a sus cuerpos infantiles, desvalidos y friolentos. Cuerpos de niños rotos, deshechos, malformados por las inclemencias de la vida, de su existencia en total abandono.


Estos niños han nacido ahí; ahí comen, ahí juegan, ahí crecen, ahí duermen perseguidos por cientos de gusanos salidos del vientre podrido de un perro muerto; asediados por el nauseabundo olor del cadáver de una rata, que se introduce por sus orificios nasales, acribillándolos por dentro hasta hacerles saltar las lágrimas de sus pequeños ojos con sueño. Estos horrores, estas pesadillas, no les dejan tregua para el descanso; no les dan la oportunidad de soñar, de alcanzar el cielo azul con sus manitas y comerse un trozo de nube, hecha de algodón de azúcar.

Sonia Herrera, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, enero 2017.

viernes, 5 de mayo de 2017

Escribir todos los días por Karla Rojas

Escribir todos los días te ayudará  a crear el hábito y éste el oficio. Las personas que pretenden dedicarse a la literatura deben escribir y leer a diario.

Con la lectura incrementarán la imaginación. Los lugares, personas, épocas y mundos que conozcan a través  de ella servirán como modelo para crear los propios. 

El acto de la lectura al igual que el de la escritura es mejor realizarlos  en solitario.  Para ambos busca un lugar cómodo,  prepara una bebida y acerca todo  lo que puedas necesitar, para no interrumpir  tu quehacer literario.

"Escribir no es un milagro sino un trabajo que se perfecciona en la constancia". 

Rosario Castellanos, Rito de iniciación.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

jueves, 4 de mayo de 2017

Relato de fantasmas por Angélica Moreno

Corría la tarde en casa de la abuela, recuerdo la manera particular en como la luz, sin pedir permiso, entraba por toda la sala y cubría los sillones dejando al descubierto lo viejo que estaban. Esa luz que parece cabello dorado, esa luz antes de que anochezca, que no es intensa, que no quema, que no calienta, pero que sin embargo anuncia que el día está por acabarse; en particular, en casa de la abuela anunciaba que estaban por llegar las cosas más aterradoras que en aquel momento podía sentir. Todo empezaba en las escaleras, una especie de aroma, de luz me hacía querer subir por ellas. Era algo inexplicable no poder dejar de mirarlas. Parecía que aquello que estaba allí, me seducía, quería que me acercara, que la buscara, que con mis ojos la mirara. Terminaba cediendo ante ese enigma, me acercaba a las escaleras, subía por ellas, ya estaba dentro, ya le pertenecía. Al tercer escalón un frío recorría todo mi cuerpo, un olor a flores marchitas se percibía, y un respiro espeso sentía en la espalda. Ahora sentía que alguien seguía mis pasos, insistiendo que siguiera subiendo. El olor a flores marchitas, era viejo, era antiguo, era suave pero picaba. Se impregnaba en mi nariz y en mi memoria, de esos olores que jamás se olvidan a pesar del tiempo, de esos olores que después de años los reconozco y me transportan al pasado. De repente entre esa luz, ese olor, ese frío, esa pesadez, ese algo que estaba detrás de mí, me suspiraba y me susurraba algo al oído, que nunca alcance a entender, ni siquiera a escuchar, era una palabra, era una frase, a veces era sólo un simple sonido, pero cuando era benefactor me decía frases completas, que aunque nunca entendía, eran largas y seguramente con un mensaje que siempre quise saber. Al terminar de pasar por cada escalón, el cuarto de Camilo era la morada de la pesadez, del olor, del frío, de los susurros. Era como si sólo quisiera que lo acompañase hasta su cuarto, hasta donde habitaba. Nunca conocí a Camilo, era hermano de mamá, hijo de mi abuela, cuñado de mi padre y tío mío por lo que me han contado. Le pongo un rostro porque hay una foto de él en la sala vieja de la abuela, que nunca ha querido quitar. Camilo, era una ausencia muy presente, estudiaba hace muchos años en la normal de maestros, una noche de cualquier mes, no regresó a casa de la abuela, nunca regresó a cumplir con su promesa de sacarlos adelante, nunca regresó a sacar a la abuela de trabajar, ¿por qué? Porque desapareció, o lo desaparecieron, no lo sé, no lo sabemos, sólo alguien lo sabe en algún lugar de no sé dónde. Camilo fue uno de los miles de las cifras oficiales y extraoficiales que nunca regresó  a donde lo esperaban, que desapareció. Una ausencia muy presente que siguió a la familia y a mí durante todas las tardes y noches en casa de la abuela. Un desaparecido que se convirtió en un olor, en un frío, en una pesadez, en susurros, en suspiros que recorrían toda la casa de la abuela, a toda la familia de mi madre y a mí durante todo este tiempo.

Angélica Moreno, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, marzo 2017.

Ya que has elegido un recuerdo por Karla Rojas

Ya que has elegido un recuerdo, una experiencia o situación para narrar, es tiempo de seleccionar las palabras que usarás.

Para ello necesitarás contar con un diccionario de sinónimos. Si has repetido palabras o frases podrás sustituir por otras que se acerquen a lo que quieres decir,  ya que la sinonimia absoluta no existe, pon especial atención en esto.

El léxico se adquiere con lectura y con el uso de la lengua, como ejercicio para adquirirlo propongo que cada vez que leas busques las palabras que no entiendas y con ellas escribas un pequeño texto y trates de integrarlas a tu lenguaje cotidiano: conversaciones, mensajes de texto, correos electrónicos, etcétera.

Todos los días debes de escribir. Esto te ayudará a hacerlo si ya no tienes más recuerdos.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

Cómo lograr escribir por Karla Rojas

Es común escuchar a personas decir que les gustaría escribir, pero… un sinfín de excusas. Lo cierto es que muchas de éstas son parte del te...