jueves, 4 de mayo de 2017

Relato de fantasmas por Angélica Moreno

Corría la tarde en casa de la abuela, recuerdo la manera particular en como la luz, sin pedir permiso, entraba por toda la sala y cubría los sillones dejando al descubierto lo viejo que estaban. Esa luz que parece cabello dorado, esa luz antes de que anochezca, que no es intensa, que no quema, que no calienta, pero que sin embargo anuncia que el día está por acabarse; en particular, en casa de la abuela anunciaba que estaban por llegar las cosas más aterradoras que en aquel momento podía sentir. Todo empezaba en las escaleras, una especie de aroma, de luz me hacía querer subir por ellas. Era algo inexplicable no poder dejar de mirarlas. Parecía que aquello que estaba allí, me seducía, quería que me acercara, que la buscara, que con mis ojos la mirara. Terminaba cediendo ante ese enigma, me acercaba a las escaleras, subía por ellas, ya estaba dentro, ya le pertenecía. Al tercer escalón un frío recorría todo mi cuerpo, un olor a flores marchitas se percibía, y un respiro espeso sentía en la espalda. Ahora sentía que alguien seguía mis pasos, insistiendo que siguiera subiendo. El olor a flores marchitas, era viejo, era antiguo, era suave pero picaba. Se impregnaba en mi nariz y en mi memoria, de esos olores que jamás se olvidan a pesar del tiempo, de esos olores que después de años los reconozco y me transportan al pasado. De repente entre esa luz, ese olor, ese frío, esa pesadez, ese algo que estaba detrás de mí, me suspiraba y me susurraba algo al oído, que nunca alcance a entender, ni siquiera a escuchar, era una palabra, era una frase, a veces era sólo un simple sonido, pero cuando era benefactor me decía frases completas, que aunque nunca entendía, eran largas y seguramente con un mensaje que siempre quise saber. Al terminar de pasar por cada escalón, el cuarto de Camilo era la morada de la pesadez, del olor, del frío, de los susurros. Era como si sólo quisiera que lo acompañase hasta su cuarto, hasta donde habitaba. Nunca conocí a Camilo, era hermano de mamá, hijo de mi abuela, cuñado de mi padre y tío mío por lo que me han contado. Le pongo un rostro porque hay una foto de él en la sala vieja de la abuela, que nunca ha querido quitar. Camilo, era una ausencia muy presente, estudiaba hace muchos años en la normal de maestros, una noche de cualquier mes, no regresó a casa de la abuela, nunca regresó a cumplir con su promesa de sacarlos adelante, nunca regresó a sacar a la abuela de trabajar, ¿por qué? Porque desapareció, o lo desaparecieron, no lo sé, no lo sabemos, sólo alguien lo sabe en algún lugar de no sé dónde. Camilo fue uno de los miles de las cifras oficiales y extraoficiales que nunca regresó  a donde lo esperaban, que desapareció. Una ausencia muy presente que siguió a la familia y a mí durante todas las tardes y noches en casa de la abuela. Un desaparecido que se convirtió en un olor, en un frío, en una pesadez, en susurros, en suspiros que recorrían toda la casa de la abuela, a toda la familia de mi madre y a mí durante todo este tiempo.

Angélica Moreno, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, marzo 2017.

Ya que has elegido un recuerdo por Karla Rojas

Ya que has elegido un recuerdo, una experiencia o situación para narrar, es tiempo de seleccionar las palabras que usarás.

Para ello necesitarás contar con un diccionario de sinónimos. Si has repetido palabras o frases podrás sustituir por otras que se acerquen a lo que quieres decir,  ya que la sinonimia absoluta no existe, pon especial atención en esto.

El léxico se adquiere con lectura y con el uso de la lengua, como ejercicio para adquirirlo propongo que cada vez que leas busques las palabras que no entiendas y con ellas escribas un pequeño texto y trates de integrarlas a tu lenguaje cotidiano: conversaciones, mensajes de texto, correos electrónicos, etcétera.

Todos los días debes de escribir. Esto te ayudará a hacerlo si ya no tienes más recuerdos.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

Cómo lograr escribir por Karla Rojas

Es común escuchar a personas decir que les gustaría escribir, pero… un sinfín de excusas. Lo cierto es que muchas de éstas son parte del te...