Esta mañana en la parte de atrás de un bar, hallaron sin viva a una joven venezolana. Entre sus pertenencias está un papel con el número de Samantha, a la cual llamaron para que reconociera el cuerpo.
Samantha se identificó como amiga de Susy, lloraba desconsolada y repetía una y otra vez, que le advirtió que no fuera a ese lugar, ya que habían sido amenazadas de muerte.
Recuerda que cuando se encontraban en busca de la clientela fuera del bar, un grupo de prostitutas colombianas se les acercaron con palos y armas, las empezaron a golpear en la cara y en el abdomen. ─¡No vengan por estos rumbos, son nuestros, nos quitan a la clientela, si las volvemos a ver por aquí, ya saben lo que les espera! ─le advirtió una de ellas, mostrándoles el arma─. ¡Otra cosa más, cuidadito con ir de chillonas con los policía sobre esto, si lo hacen se las verán conmigo! ─agregó. Ese día Susy estaba enojada con lo que le dijo la otra joven, ─¡Esa mugrienta, me la va a pagar, a mí nadie me manda, yo voy a trabajar en donde se me dé la gana! Samantha al oír esto, la hizo que se retractara por lo que dijo, quedando de promesa que no irían jamás a ese lugar.
Ambas se habían ido de su tierra, Venezuela, lo que en su niñez había sido un paraíso y tranquilidad, se había convertido, debido al gobernante, en desesperación y frustración por tener comida, así que buscaban otras oportunidades para sobrevivir, fueron con un señor al que les prometió hacerlas actrices en otro país.
Tanto la familia de Susy y Samantha no estaban de acuerdo, pero viendo la situación y que ellas tenían la posibilidad de mejorar, dejaron que se fueran, dándoles sus mejores deseos.
Samantha llegó, el señor le indicó que subiera al camión, el cual estaba lleno de mujeres jóvenes de más o menos de la edad de ella, Susy se encontraba adentro de éste sentada del lado de la ventana.
Pasó un día entero, no hizo ninguna parada, ya morían de hambre y de sed, y el señor les dio un vaso con agua de naranja, para que se refrescarán, les dijo que brindaran por su nuevo proyecto y que todo resultaría un éxito. En pocos minutos, a Susy la venció el sueño, despertó vendada de los ojos y amarrada de las manos, en una casa en la que estaba custodiada por hombres armados, le quitaron la venda de los ojos y sólo vio a algunas muchachas del grupo.
Una de ellas, pregunta: “Dónde estamos”, su respuesta fue contestada con un golpe en la cara, les dicen que éste será su hogar y que de ahora en adelante, cada quién tendrá que trabajar con diez hombres cada día, de lo contrario, las matarán.
Se fueron, Susy levantó a la mujer golpeada, su nombre era Samantha, las hicieron vestirse con minifaldas, escotes bajos, tacones altos, maquillarse lo mejor que pudieran. Con el tiempo Samantha y Susy se hicieron buenas amigas y se prometieron apoyarse.
En una ocasión entró un cliente venezolano, en su ojos vi tanta bondad y ternura, que decidí contarle cómo llegamos ahí y el modo en que nos trataban, me dijo que no me preocupara, que él nos ayudaría a escapar, por suerte su amigo estaba con mi amiga, así que pudo llamarle a su celular y decirle que debían de hacer, así que, esa noche ambas nos iríamos.
Salimos por la ventana, nos escondimos por los matorrales, pasó uno de los vigilantes, entre las dos, lo agarramos y le dimos un golpe en la cabeza, lo escondimos y esperamos el momento indicado para saltar la barda.
Una vez fuera corrimos todo lo que pudimos, ya estando lejos se nos ocurrió parar un taxi para que nos llevara a otra ciudad, pasaban vacíos, pero nos veían y no paraban, hasta que un señor gordo, con cara de morboso, se orilló, no tuvimos otra opción más que subir.
Llegamos a Cavo Norte, el taxi nos dio la tarifa, mi amiga y yo nos bajamos del coche, yo hacía que estaba buscando dinero, mientras mi amiga me veía, hasta que por fin, le dije que se me había olvidado la plata en casa, que se lo pagaba con otra cosa. Me asomé por la ventana mostrando mis pechos hacia él, los miraba, mientras pensaba en su respuesta, pasaron unos minutos para que contestara y aceptó sólo con la condición de que fuéramos las dos.
─¡Súbanse al coche, que no hay tiempo que perder preciosas! ─dijo el conductor, éste , las llevó al hotel más próximo que había en la zona.
A la mañana siguiente, el hombre se había ido del lugar, Samantha despertó y vio que él ya no estaba, se levantó al baño. Susy no tardó en despertar, volviéndose a tapar la cara con las cobijas.
─¡Hay que volver a hacer lo mismo, esta noche para irnos a otra ciudad, no vaya a hacer que nos volvamos a encontrar con esos señores!
─¿No podemos quedarnos aquí, en este pueblo?
─¡No, que tal si nos encuentran!
Así lo hicieron, tomaron un taxi y volvieron a ofrecer pagarle al chofer de esa manera, llegaron a Guanare. En el hotel donde se hospedaron con el taxista, decidieron quedarse, pensaron en ideas para obtener dinero, pero todas llevaban a que la opción más factible era ofrecer su cuerpo.
Fueron probando en diferentes lugares del poblado y fueron detectando las zonas en las que pagaban mejor, descubrieron que frente a un bar, les iba bien debido a que los clientes borrachos, apenas se podían sostener, llevaban su billetera llena de plata, pero como salían en mal estado, ni veía cuando les cobraban, entonces a ellos, se los llevaban atrás del bar en donde no pasaba nadie y estaba oscuro, éstos fueron considerados como la fuente principal de ingreso para sus comidas. No pasó mucho tiempo y las envidias de las prostitutas colombinas empezaron a surgir, de manera que se reunían a escondidas para ver la manera de sacar del camino a las venezolanas.
Más tarde, un grupo de prostitutas colombianas se les acercaron con palos y armas, las empezaron a golpear en la cara y en el abdomen, ─¡No vengan por estos rumbos, son nuestros, nos quitan a la clientela, si las volvemos a ver por aquí, ya saben lo que les espera!, ─le advirtió una de ellas, mostrándoles el arma─. ¡Otra cosa más, cuidadito, con ir de chillonas con los policía sobre esto, si lo hacen, se las verán conmigo! ─agregó. Susy estaba enojada con lo que le dijo la otra joven, ─¡Esa mugrienta me las va a pagar, a mí nadie me manda, yo voy a trabajar en donde se me dé la gana! Samantha al oír esto, la hizo que se retractara de lo que dijo, quedando de promesa que no irían jamás a ese lugar.
Susy se paró en la avenida principal, se acercó un cliente en el carro, la invitó a subir, le mencionó que irían a tomar unas copitas a un bar famoso junto con sus amigos y que la presentaría frente a todos como su novia ─¡Ya verás cómo se morirán de la envidia!
Susy vio el bar, era el mismo al que le habían prohibido ir, a un costado estaban paradas las prostitutas colombianas, salió del coche y una de ellas la reconoció, se reunió junto a las demás, Susy estaba espantada, pero el chico la tomó del brazo y la forzó a entrar, los amigos lo saludaron y la presumió, éstos amigos la miraron de reojo, antojándoseles estar con ella, tomaron hasta perderse, el muchacho le dijo a Susy que se fuera.
Susy salió del lugar mirando que no estuviera nadie y no vio a nadie, en la siguiente cuadra se aparecieron las colombianas ─¡Te lo advertimos! ─dijo una de ellas, golpeando con el bat. Quiso retroceder pero venían sus amigas, entre todas la comenzaron a golpear, hasta que se desmayó, una de ellas, le dio en la cabeza ─¡Está muerta! ─gritó horrorizada una de ellas. Hay que llevarla atrás del bar.
Viviana Chávez, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, octubre de 2017.