martes, 10 de abril de 2018

Fábula por Diana Arellano

De pronto apareció volando en ese mundo gris, surcado por negros nubarrones, un ser extraño que a su paso parecía modificar el aire denso que se respiraba. ¿Qué ocurría? se preguntaban con sorpresa los platos sucios que nunca se aseaban, debido a que llenos de comida, siempre tenían que estar.

¡Esto me da miedo! Salió lentamente bostezando y diciendo con voz trémula el reloj de mesa, que hacía tiempo no quería realizar más su labor, tirándose debajo de una cama a descansar.

De pronto, el orgulloso fuego, lleno de ira, amenazando con destruirlo todo, se presentó delante del extranjero, imprecándolo por llegar a violentar la supuesta “paz” reinante en ese lúgubre lugar.

El libro, que es lo que era ese extraño ser y a quien ninguno conocía, desplegando sus dos pastas, se mostró abierto ante él y ante todos los presentes diciendo:

–Aguarda por favor, sólo debes ser heroico durante un minuto.

¿Qué dices? Yo soy el ser más valiente de este lugar y lo puedes preguntar, ¿Sabes que te puedo destruir para proteger a nuestro mundo?

No, tú sólo dejas que tu propio instinto se expanda, atemorizando a todos y causando dolor y muerte. Sólo te pido que realmente seas heroico por un minuto --insistió el libro.

Para ese momento, ya se habían acercado los golosos platos y copas llenos hasta el tope, el flojo reloj y la avara alcancía, que nunca dejaba que nadie tomara lo que caía en su interior; también llegó la temible regla, cuya soberbia no tenía fin, al creer que su medida era la única que determinaba el adecuado actuar de los demás; el vanidoso espejo, cuyo deseo más vehemente era no verse reflejado jamás en el espejo que son los otros. También se acercó el lujurioso labial rojo granate y el envidioso cofre de tesoros, que buscaba constantemente obtener para sí, los dones y riquezas que pertenecían a los demás. En fin, todos estos objetos al encontrarse sumergidos en sus propios desequilibrios, obscurecían y no permitían que su mundo floreciera.

Nuevamente el libro exclamó, ahora dirigiéndose a toda la concurrencia: 
–Por favor, sólo sean todos heroicos por un minuto.
–¿Qué quieres decir con eso? replicaron todos al unísono.

–Que durante sólo un minuto, controlemos nuestra mente y fortalezcamos la voluntad, alejándonos de los pretextos y poniéndola por arriba de nuestros deseos, sacrificando lo que nos apetece y lo cambiemos por lo que debemos hacer, esto es, obedeciéndonos. Debemos acostumbrarnos a controlar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos; debemos ser los dueños de nosotros mismos.

Se hizo un gran silencio y ante esos segundos de reflexión, en los que cada uno pudo pensar en lo que podría mejorar de su propio ser, se empezaron a disipar como por arte de magia las tinieblas y el luminoso sol de la voluntad penetró con sus rayos de colores, no sólo el intrincado mundo al que pertenecían todos estos seres-objeto, sujetos a sus pasiones, sino también a sus corazones.

A partir de ese momento, pudieron darse cuenta de la sabiduría que el libro les mostraba y decidieron ejercitarse en el difícil arte de fortalecer su voluntad creadora, a través de recordar, que antes de perderse en sus pasiones, deberían ejercer, sin pensarlo mucho, un minuto heroico, porque para ser héroes y hacer algo por los demás, debemos empezar con nosotros mismos.    

Diana Arellano, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, septiembre de 2017  


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