miércoles, 22 de noviembre de 2017

La escritura como medio de catarsis por Karla Rojas



Hace tiempo, en uno de los talleres de creación literaria, tuve la fortuna de compartir seis meses con un hombre de 85 años,  ha sido uno de los pocos asistentes que no ha faltado a una sola clase.  A lo largo de  este tiempo escribió la vida de Ramiro, un hombre maltratado por su padre en la infancia, no tuvo la fortuna de recibir educación escolar más que unos cuantos años de primaria, durante su vida cometió actos ilícitos;  un hombre que pese al rencor que sentía por su progenitor lo obedecía sin cuestionamientos.

Todas las tareas sin importar las especificaciones: número de cuartillas,  tema, técnica narrativa, tipo de narrador,  personaje tipo  o arquetipo que les solicitara  trabajaran, él escribía sobre las vicisitudes a las que Ramiro se enfrentaba.  Después de un tiempo me rendí y acepté que hiciera caso omiso a las indicaciones.

Dos semanas antes de que concluyera el semestre, en la lectura de la tarea:

"Ramiro salió de casa para realizar un trámite bancario,  debía cruzar la avenida,  una empresa demasiado costosa para sus rodillas,  pues debía hacerlo por el paso  elevado,  un puente que cuando niño no existía,  mucho menos la avenida que cruzaba.  Recordó las milpas,  los árboles y animales que pastaban a los alrededores;  cómo su padre lo forzaba a sembrar la tierra,  ordeñar las vacas y matar a los cerdos. Al bajar el último escalón,   elevó su mirada al cielo y en su interior gritó ¡Te perdono, padre! Continuó su camino con un andar lento,  como es normal en hombres de su edad,  pero ahora ligero".

Cuando terminó de leer,  sus ojos estaban llenos de lágrimas y yo, yo tenía un nudo en la garganta,  esta vez no hubo comentarios sobre el ritmo,  si había mucha paja, o si el ambiente..., nada,  sólo pude dar las gracias y continuar. Ese día el señor Héctor había perdonado a su padre, no sé si logró entender las razones por las cuales lo trataba de esa forma,  o pudo ver que entre todo lo doloroso hubo amor y momentos felices. Lo único que importa es que el proceso lo llevó con valor,  fueron seis meses ininterrumpidos en los que Ramiro purgó su alma.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

Cómo superar la página en blanco por Karla Rojas


Algunos alumnos en el taller a la hora de sentarse a realizar las tareas no logran escribir, si acaso un párrafo. En clase su argumento es:  "no me llegó la inspiración". Pero ésta no se presenta de forma mágica,  es cierto que hay momentos en los que está presente y en cuestión artística no podemos decir que el 99 por ciento sea transpiración y sólo el  1 por ciento sea inspiración.  Para los románticos lo era todo, pero no llegaba y ya, buscaban motivarla. En esta época debemos de buscarla en las lecturas, en la calle, en las conversaciones de los otros y en lo que vivimos.

Alguna vez leí que si un escritor no escribe es porque no lee. Si no lees, tampoco podrás escribir. Si realmente quieres dedicarte a esto,  por las razones que sean, tendrás que disciplinarte, leer y escribir; escribir y leer,  entonces, la página en blanco en poco tiempo desaparecerá.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

Poema con palabras de periódicos y revistas por Hugo Wingartz

Regreso a la mar
Ellas espirituosas preguntan
Una fácil palabra
Los mejores dan vida.

Taller de creación literaria para principiantes, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, agosto de 2017. 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Usar la creatividad para ayudar a salir del caos por Karla Rojas

Invoca a tu ser creativo, no importa que te cueste trabajo conectar con él, existe y debe ser nutrido, pero ten cuidado, no todo es bueno para hacerlo.

En estos momentos de estrés  por los acontecimientos  naturales que el territorio  mexicano ha estado viviendo, evita ver los noticieros que transmiten cada hora edificios colapsados, ríos  desbordados,  gente llorando y herida. Restringe de las redes sociales  las publicaciones que juzguen o satanicen  hechos  y personas, o que difundan situaciones que generan miedo e incertidumbre.

Tú  que estás  bien, mantén distancia y enfócate en crear, pero de crear desde la tranquilidad y el amor, cuando debas ayudar a otro serás  eficiente, pues la histeria y el miedo colectivo no te dominarán.

Necesitamos  aceptar lo que está pasando, lo que está  en nuestras manos hacer y lo que no. Necesitamos  aprender a ser resilientes y a evitar lo que nos lastima y aleja de nuestra tranquilidad, pero sobre todo debemos aprender que no por ello somos menos empáticos con los que lo están  pasando mal, no por eso somos malas personas. Debemos mantener el equilibrio. No usemos nuestra creatividad para leer, escribir o proyectar situaciones que  no estamos seguros que son reales y que no contrubuyen  a la reconstrucción de  nuestra comunidad.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Diferentes tipos de narradores por Karla Rojas

Hoy toca hablar sobre un elemento   esencial en un relato,  el narrador. Existe  en primera,  segunda y tercera persona (yo, tú, él/nosotros, ustedes, ellos).

En primera persona podemos  encontrar:

Narrador protagonista: cuenta su propia historia.

Narrador testigo: narra los hechos en primera persona, pero no es el protagonista, es testigo de estos como su nombre lo dice.

El narrador en segunda persona se utiliza muy poco, y en el pasado todavía menos, pero en la novela epistolar era muy frecuente. Las cartas se escriben en segunda persona porque van dirigidas a un tú o ustedes/ vosotros.

En tercera persona:

Narrador omnisciente: es el narrador que lo sabe todo. Conoce el ambiente psico-emocional, físico  y social, conoce los pensamientos y sentimientos de los personajes, por lo que puede en ocasiones juzgarlos.

Narrador objetivo: no juzga a los personajes, esta sería la diferencia básica con el anterior,  registra lo que acontece sin participar en la acción.

Existen más  tipos, pero estos son los que más se utilizan. Más adelante compartiré la información completa sobre los diversos tipos de narradores. Estos son los que recomiendo para iniciar.

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

Micro relatos por Jorge Alejandro Ramírez

Había esperado este momento toda su vida, y  llegó. Después de treinta  años se preparó mentalmente,  se acicaló,   se puso frente a su padre y le dijo:  me voy de la casa mañana,  me caso.

No había escapatoria para ella. Era su último minuto de vida.  "Algunos  repasan su vida, se dijo. Yo voy a pensar en el peor momento de ella.  Me iré feliz..."  y se fue.

Jorge Alejandro Ramírez. Taller de Creación Literaria para Principiantes.  Centro Cultural Ignacio Ramírez.Junio 2017. 

martes, 11 de julio de 2017

Esquemas, elementos de ayuda para el autor por Karla Rojas

A partir de ahora antes de ir directo al papel para contar  la historia, es necesario que hagas un esquema sobre ésta, en donde tengas claro:

Tema en el que se centra
Personajes que intervienen
Lugar en donde se desarrolla
Cómo  es la sociedad en la que se desenvuelven los personajes
Cómo es el ambiente psico-emocional  que impera en este lugar, sociedad o personajes
Quién  narra la historia: tercera  o primera persona
A dónde quieres llevar al lector: reflexión, divertimento o...
Tiempo en el que será narrada, presente, pasado o futuro
Tener un inicio, un desarrollo  y un final

Hacer un esquema te dará  claridad para escribir. Con el avance se irá  modificando, pero te ayudará  a no perderte en el camino y lograr el objetivo marcado. Tener nociones de lo que vamos a narrar,  como hechos importantes y los personajes que intervendrán  ayuda a hacerlo más sencillo.   

Karla Rojas, coordinadora del taller. 

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío por Sandra Grisel

Después de tres horas inconsciente, Ashanti abrió los ojos. Como un acto reflejo buscó incorporarse pero se dio cuenta que estaba atado de pies y manos. Se movió desesperadamente, tratando, de manera infructuosa, de liberarse de la soga que le estaba cortando la circulación.

Al notar que no estaba logrando nada, dejó de moverse. Pudo sentir su respiración agitada, en su cabeza retumbaba el latido de su corazón. Abrió la boca para jalar aire pero lo que respiró fue un hedor que mezclaba humedad, orines y pan rancio.

“¿Qué había pasado?”.  Buscó en su memoria el último suceso guardado. Se vio saliendo de su hogar para llevar hierbas a su tío que vivía en la población vecina. Caminó desde el amanecer hasta que el sol se encontraba en su punto más alto. Decidió hacer un descanso para beber agua en el manantial. Se agachó para tomar el líquido en sus manos. Luego, un golpe, sí, algo le había pegado en la cabeza. Pero, ¿después?, ¿cómo había llegado a ese pestilente lugar?

“¿Dónde estoy?”, gritó impaciente. No recibió respuesta. “¿Dónde estoy?”, volvió a vociferar. Fue entonces que se escuchó una apagada voz de hombre respondiendo: “Estás encima de mí”. Ashanti se dio cuenta de que bajo su cuerpo había algo, más bien alguien. Perturbado por la situación guardó silencio. ¿Por qué estaba sobre otro ser?, ¿qué estaban haciendo ellos dos en ese lugar? Venciendo su turbación preguntó: “¿quién eres?”. Espero respuesta, no la hubo.

De repente un suspiro y la frase: “Soy Mendé”. De nuevo el silencio. Ashanti quiso preguntar más pero le pareció que hacer hablar a alguien que estaba soportando el peso de otro cuerpo no era adecuado. Decidió no decir más. Reconstruyó una y otra vez los últimos recuerdos que tenía para entender su situación.

Su trabajo mental fue interrumpido por un violento movimiento que cimbró todo el sitio. Entonces comenzó un vaivén que dio a Ashanti una pista: se encontraba sobre el agua. Ese movimiento le era familiar. Cuando salía de pesca con su padre ese balanceo los acompañaba todo el tiempo que permanecían en altamar. Ashanti puso atención al movimiento y sí, reconoció el oleaje del mar.

“¡Mendé! ¡Mendé! ¡Estamos navegando! No obtuvo respuesta. Pero, “¿cuál era el destino al que se dirigían?”. De nuevo suspendió sus cavilaciones cuando las olas pegaron en  la embarcación y lo hicieron caer de su ‘cómodo’ sitio. La caída dolió pero cuando se vio junto a Mendé sintió alivio. Ya podría hacerle preguntas sin avergonzarse por estar quitándole la capacidad de respirar.

Susurró: “Mendé, ¿sabes qué estamos haciendo aquí? ¡Mendé, Mendé, responde por favor!". Otro suspiro y ahora una voz más vivaz dijo: “¿Quieres oír  la triste historia de cómo llegó tu cuerpo a estar sobre el mío?”.  Ashanti respondió de inmediato que sí.

“Tú, como yo, y como las otras docenas de personas que están tiradas en el piso de esta embarcación, fuimos presos por hombres blancos. La mayoría nos encontrábamos andando por el campo, cuando de repente un grupo de ‘blancos’ nos atacaron. Si no oponías resistencia no te maltrataban, pero si luchabas eras golpeado hasta dejarte inconsciente. Creo que ese fue tu caso, por eso no recuerdas nada. A los que podíamos caminar nos obligaron a cargar a los aturdidos por los golpes que no podían mantenerse en pie. Somos tantos que este barco fue insuficiente y acabamos unos encima de otros, como animales. Los días de tranquilidad en nuestros pueblos han terminado, ahora somos ‘animales’ de los hombres blancos”.

Mendé calló y unas lágrimas corrieron por sus mejillas. El pensar que nunca volvería a ver a su mujer y sus hijos le partía el corazón. “Qué harán sin mí, ¿quién les enseñará a cultivar y a cazar?, ¿cómo sobrevivirán al tiempo de sequía? Se arrepintió de haber salido de la aldea a pesar de los rumores sobre las atrocidades que los ‘blancos’ llegados del mar estaban realizando.

Ashanti tenía más preguntas pero entendió, por el sollozo de Mendé, que no era el momento. Saber del futuro estaba de más en ese instante que el pasado dolía tanto. Por ahora debía conformarse con conocer cómo había llegado hasta allí. Quizás después otro movimiento impetuoso del barco daría espacio para más cuestionamientos.

Sandra Grisel. Abril de 2017. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Escribir requiere de una buena disposición por Karla Rojas

Escribir requiere de una buena disposición y de preparación. La imaginación se potencia cuanto más trabajamos para liberarla. Ya he dicho que escribir cada día de la semana y leer es una forma,  así  como escribir sobre lo que has vivido, pero si ya has agotado todas tus experiencias tienes que comenzar a ver a las personas que te rodean.

¿Tienen alguna cicatriz en el rostro o parte de su cuerpo? Crea una historia que cuente la forma  en que se hicieron de esta  marca. Ver a las personas: su físico,  la forma de interactuar, el vocabulario que utilizan, los ademanes y muecas que hacen al charlar e incluso  lo que dicen, te puede ayudar para narrar su vida (la que tú les vas a crear).

De ahora en adelante no sólo se tratará de escribir sino de observar, observar con otros ojos.


Karla Rojas, coordinadora  de taller. 



miércoles, 17 de mayo de 2017

Algodón de azúcar por Sonia Herrera

Decidí subirme al altozano para observar mejor, creyendo que esa elevación era natural; grande fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba parada sobre un altísimo cerro de basura. Bajé de mi otero y comencé a caminar, o mejor dicho, a tropezarme con la gran cantidad de desperdicios. Fue como entrar a otro mundo; a un mundo bizarro, un mundo paralelo que difícilmente uno puede imaginar que exista. Es cierto que había escuchado historias acerca de este lugar y sus habitantes, pero, ¡verlo ahí, frente a mí, dándome la bienvenida con sus olores rancios, fétidos, que se impregnaban de manera sarcástica en mi ropa, en mi pelo, en mi piel, en mi conciencia!, ¡fue algo realmente inverosímil! De pronto vi a decenas de hombres y mujeres que aparecían, cual fantasmas, deslizándose entre los túmulos de desechos. ¡Eran los pepenadores! Hurgando entre cajas, televisores descompuestos, colchones rotos, latas, papeles, bolsas plásticas, llantas, ropa, ¡cadáveres!; con la finalidad de hallar aquello que aún puedan comercializar, aquello que les pueda ser útil.

Me adentré un poco más, puse sumo cuidado en cada paso que daba, pues corría el riesgo de pisar, entre tanta inmundicia, algo que pudiera herirme; aunque nada se habría comparado con el dolor que sentí al descubrir, entre miles y miles de toneladas de basura, ¡a unos niños!  inocentes rodeados de jugos tóxicos que salen de bolsas repletas de desechos orgánicos. Los más grandes, trabajaban también en la pepena al igual que sus padres,  y los pequeños creciendo como pueden, ahí, entre tanta basura; hijos de la pobreza extrema, de la crianza negligente provocada por la necesidad, la ignorancia y la miseria.

Un zumbido que vibraba bajo mis pies, me anunció el inicio de la delirante y libertina danza que millones de moscas se preparaban a realizar. Me di cuenta que cuando éstas vuelan, el cielo se ennegrece, de tal manera, que parece un eclipse total de sol. Los pequeñines, descalzos, con espadas hechas con palos, golpean la costra de moscas, deseando que al menos un rayito del sol poniente, dé calor a sus almas y a sus cuerpos infantiles, desvalidos y friolentos. Cuerpos de niños rotos, deshechos, malformados por las inclemencias de la vida, de su existencia en total abandono.


Estos niños han nacido ahí; ahí comen, ahí juegan, ahí crecen, ahí duermen perseguidos por cientos de gusanos salidos del vientre podrido de un perro muerto; asediados por el nauseabundo olor del cadáver de una rata, que se introduce por sus orificios nasales, acribillándolos por dentro hasta hacerles saltar las lágrimas de sus pequeños ojos con sueño. Estos horrores, estas pesadillas, no les dejan tregua para el descanso; no les dan la oportunidad de soñar, de alcanzar el cielo azul con sus manitas y comerse un trozo de nube, hecha de algodón de azúcar.

Sonia Herrera, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, enero 2017.

Cómo lograr escribir por Karla Rojas

Es común escuchar a personas decir que les gustaría escribir, pero… un sinfín de excusas. Lo cierto es que muchas de éstas son parte del te...