jueves, 26 de marzo de 2020

Sismo por Graciela Albores

Así cómo llegaste tú, así llegué yo. Yo te bauticé con el nombre de Sismo. Ahora, debes saber que yo me llamo Benita, Benita del Campo. Del Campo porque pertenezco a éste. He vivido en él  y aquí quiero quedarme, siempre. Tengo más de setenta años, largos, largos. Esa es mi edad gatuna y a partir de que nací en tus ojos, je, je. En realidad son veinte y tú tienes treinta y siete, según la cuenta. En fin, conmigo tienes siete años, siete años que viniste a la vida y siete que naciste en mi mirada. Nací en las manos de una mujer, una que de pura suerte quiso atender a mi mamaíta, andaba rete asustada con esa sacudida que dio la tierra, pero mi apaíto le suplicó que ayudara a mi amá, que de ella dependía la vida de su séptima hija. Tal como tú naciste, en medio de otro coraje de la tierra, todo mundo corría para todas y ninguna parte a la vez gritando, pero no, yo no. Yo buscaba a tu madre que ya tenía un día de andar escondidita, esperando el momento de parir nueve gatitos. Tú fuiste el séptimo, ¡ah! ese día encontré a Chispa bajo una mesa del cuarto obscuro, arrinconadita, calladita, celosa de que no me acercara ni un tantito más. Llegué justo en el momento en que tú nacías. ¡Qué sorprendente es ver nacer la vida! Tú, rosita, mojado y la Chispa te lengüeteaba. Y bueno, tanto que oí sobre terremoto, que si sacudida, que un movimiento telu… no sé qué y entre otras palabras Sismo y así te nombré. Y así han pasado siete años, entonces tú Sismo y yo Benita, Benita del Campo, que nací en las manos de una mujer, pero ¡óyeme bien! También en los ojos del que me mira, porque así nace uno otra vez, cuando te miran te dan la luz; así naciste tú,  en mí cuando te vi, tan pequeñito e indefenso como un niñito. Por eso, mi más grande sueño es trabajar para los niños, desde traerlos al mundo como enseñarles a andar y decir sus primeras palabras, escuchar sus mayores sueños, amarlos. Mira que tú y yo no conocimos mucho de eso, porque tuvimos falta de amor de ese que se necesita para crecer chapeadita; pos mi amá me dio a luz pero ella se quedó en la oscuridad; por falta de fuerzas dijo mi apacito. Y a ti, te abandonó tu madre para irse con el gato del lechero. Sin embargo, mi obstáculo es no tener tiempo, no para mis sueños pues mi apá necesita que lo ayude en la casa, en el campo, en la tiendita y en cuidarlo. Dice que para qué quiero cuidar chamacos ajenos, que mejor lo cuide a él; que algún día tendré los míos y que ya cuidaré de ellos. ¿Y sabes qué, Sismo? Cuando pienso en eso, es cuando tengo mi fantasía sexual. Sshhh... Sí, entendiste bien. ¡No me quites la oreja! Lo digo despacito pa´que no me oiga naiden. Yo oí eso alguna vez entre una bola de mocosos y cuando le conté a mi apaíto, ¡se puso bien rojo! Y me dijo: "Anda tú con tus temblorinas a otra parte". En este mundo todos son temblores. Bueno, y es que sí hay noches que me imagino con el Güicho, el muchacho que ayuda a don Paco en la lechería. Sí Sismo, el lechero, ¡el dueño del gato con el que se fue tu gata madre! Y bueno, me figuro que nos casamos y que cuando estamos solos, afuera de nuestra casita, viendo el sol ponerse, él me da un beso y luego dos y se aparta, entonces yo le doy uno y otro más y solita pues, sin ayuda me quito el vestido y me parece que él pone sus ojos grandotes, de gato así como tú y que me mira completa y entonces tiemblo todita y sudo y mi respiración es más rápida y quiero, ¡sé que quiero que él me toque!, que me descubra, que me responda con su aliento, con su piel y con toda su alma… Sismo, ya está temblando otra vez…  


Graciela Albores, La taza de los sueños, diciembre 2019. 

1 comentario:

  1. Hermosas letras llenas de sentimiento excelente 🌹🌹🌹😘😘😘🌷🌷🌷🙂🙂🙂💕💕💕

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