Regreso a la mar
Ellas espirituosas preguntan
Una fácil palabra
Los mejores dan vida.
Taller de creación literaria para principiantes, Centro Cultural Coyoacán del ISSSTE, agosto de 2017.
Textos de alumnos creados en clase. Tips para comenzar a escribir. Cursos y convocatorias.
viernes, 10 de noviembre de 2017
miércoles, 11 de octubre de 2017
Usar la creatividad para ayudar a salir del caos por Karla Rojas
Invoca a tu ser creativo, no importa que te cueste trabajo conectar con él, existe y debe ser nutrido, pero ten cuidado, no todo es bueno para hacerlo.
En estos momentos de estrés por los acontecimientos naturales que el territorio mexicano ha estado viviendo, evita ver los noticieros que transmiten cada hora edificios colapsados, ríos desbordados, gente llorando y herida. Restringe de las redes sociales las publicaciones que juzguen o satanicen hechos y personas, o que difundan situaciones que generan miedo e incertidumbre.
Tú que estás bien, mantén distancia y enfócate en crear, pero de crear desde la tranquilidad y el amor, cuando debas ayudar a otro serás eficiente, pues la histeria y el miedo colectivo no te dominarán.
Necesitamos aceptar lo que está pasando, lo que está en nuestras manos hacer y lo que no. Necesitamos aprender a ser resilientes y a evitar lo que nos lastima y aleja de nuestra tranquilidad, pero sobre todo debemos aprender que no por ello somos menos empáticos con los que lo están pasando mal, no por eso somos malas personas. Debemos mantener el equilibrio. No usemos nuestra creatividad para leer, escribir o proyectar situaciones que no estamos seguros que son reales y que no contrubuyen a la reconstrucción de nuestra comunidad.
Karla Rojas, coordinadora del taller.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Diferentes tipos de narradores por Karla Rojas
Hoy toca hablar sobre un elemento esencial en un relato, el narrador. Existe en primera, segunda y tercera persona (yo, tú, él/nosotros, ustedes, ellos).
En primera persona podemos encontrar:
Narrador protagonista: cuenta su propia historia.
Narrador testigo: narra los hechos en primera persona, pero no es el protagonista, es testigo de estos como su nombre lo dice.
El narrador en segunda persona se utiliza muy poco, y en el pasado todavía menos, pero en la novela epistolar era muy frecuente. Las cartas se escriben en segunda persona porque van dirigidas a un tú o ustedes/ vosotros.
En tercera persona:
Narrador omnisciente: es el narrador que lo sabe todo. Conoce el ambiente psico-emocional, físico y social, conoce los pensamientos y sentimientos de los personajes, por lo que puede en ocasiones juzgarlos.
Narrador objetivo: no juzga a los personajes, esta sería la diferencia básica con el anterior, registra lo que acontece sin participar en la acción.
Existen más tipos, pero estos son los que más se utilizan. Más adelante compartiré la información completa sobre los diversos tipos de narradores. Estos son los que recomiendo para iniciar.
Karla Rojas, coordinadora del taller.
En primera persona podemos encontrar:
Narrador protagonista: cuenta su propia historia.
Narrador testigo: narra los hechos en primera persona, pero no es el protagonista, es testigo de estos como su nombre lo dice.
El narrador en segunda persona se utiliza muy poco, y en el pasado todavía menos, pero en la novela epistolar era muy frecuente. Las cartas se escriben en segunda persona porque van dirigidas a un tú o ustedes/ vosotros.
En tercera persona:
Narrador omnisciente: es el narrador que lo sabe todo. Conoce el ambiente psico-emocional, físico y social, conoce los pensamientos y sentimientos de los personajes, por lo que puede en ocasiones juzgarlos.
Narrador objetivo: no juzga a los personajes, esta sería la diferencia básica con el anterior, registra lo que acontece sin participar en la acción.
Existen más tipos, pero estos son los que más se utilizan. Más adelante compartiré la información completa sobre los diversos tipos de narradores. Estos son los que recomiendo para iniciar.
Karla Rojas, coordinadora del taller.
Micro relatos por Jorge Alejandro Ramírez
Había esperado este momento toda su vida, y llegó. Después de treinta años se preparó mentalmente, se acicaló, se puso frente a su padre y le dijo: me voy de la casa mañana, me caso.
No había escapatoria para ella. Era su último minuto de vida. "Algunos repasan su vida, se dijo. Yo voy a pensar en el peor momento de ella. Me iré feliz..." y se fue.
Jorge Alejandro Ramírez. Taller de Creación Literaria para Principiantes. Centro Cultural Ignacio Ramírez.Junio 2017.
martes, 11 de julio de 2017
Esquemas, elementos de ayuda para el autor por Karla Rojas
A partir de ahora antes de ir directo al papel para contar la historia, es necesario que hagas un esquema sobre ésta, en donde tengas claro:
Tema en el que se centra
Personajes que intervienen
Lugar en donde se desarrolla
Cómo es la sociedad en la que se desenvuelven los personajes
Cómo es el ambiente psico-emocional que impera en este lugar, sociedad o personajes
Quién narra la historia: tercera o primera persona
A dónde quieres llevar al lector: reflexión, divertimento o...
Tiempo en el que será narrada, presente, pasado o futuro
Tener un inicio, un desarrollo y un final
Hacer un esquema te dará claridad para escribir. Con el avance se irá modificando, pero te ayudará a no perderte en el camino y lograr el objetivo marcado. Tener nociones de lo que vamos a narrar, como hechos importantes y los personajes que intervendrán ayuda a hacerlo más sencillo.
Karla Rojas, coordinadora del taller.
La triste historia de tu cuerpo sobre el mío por Sandra Grisel
Después de tres horas inconsciente, Ashanti abrió los ojos. Como un acto reflejo buscó incorporarse pero se dio cuenta que estaba atado de pies y manos. Se movió desesperadamente, tratando, de manera infructuosa, de liberarse de la soga que le estaba cortando la circulación.
Al notar que no estaba logrando nada, dejó de moverse. Pudo sentir su respiración agitada, en su cabeza retumbaba el latido de su corazón. Abrió la boca para jalar aire pero lo que respiró fue un hedor que mezclaba humedad, orines y pan rancio.
“¿Qué había pasado?”. Buscó en su memoria el último suceso guardado. Se vio saliendo de su hogar para llevar hierbas a su tío que vivía en la población vecina. Caminó desde el amanecer hasta que el sol se encontraba en su punto más alto. Decidió hacer un descanso para beber agua en el manantial. Se agachó para tomar el líquido en sus manos. Luego, un golpe, sí, algo le había pegado en la cabeza. Pero, ¿después?, ¿cómo había llegado a ese pestilente lugar?
“¿Dónde estoy?”, gritó impaciente. No recibió respuesta. “¿Dónde estoy?”, volvió a vociferar. Fue entonces que se escuchó una apagada voz de hombre respondiendo: “Estás encima de mí”. Ashanti se dio cuenta de que bajo su cuerpo había algo, más bien alguien. Perturbado por la situación guardó silencio. ¿Por qué estaba sobre otro ser?, ¿qué estaban haciendo ellos dos en ese lugar? Venciendo su turbación preguntó: “¿quién eres?”. Espero respuesta, no la hubo.
De repente un suspiro y la frase: “Soy Mendé”. De nuevo el silencio. Ashanti quiso preguntar más pero le pareció que hacer hablar a alguien que estaba soportando el peso de otro cuerpo no era adecuado. Decidió no decir más. Reconstruyó una y otra vez los últimos recuerdos que tenía para entender su situación.
Su trabajo mental fue interrumpido por un violento movimiento que cimbró todo el sitio. Entonces comenzó un vaivén que dio a Ashanti una pista: se encontraba sobre el agua. Ese movimiento le era familiar. Cuando salía de pesca con su padre ese balanceo los acompañaba todo el tiempo que permanecían en altamar. Ashanti puso atención al movimiento y sí, reconoció el oleaje del mar.
“¡Mendé! ¡Mendé! ¡Estamos navegando! No obtuvo respuesta. Pero, “¿cuál era el destino al que se dirigían?”. De nuevo suspendió sus cavilaciones cuando las olas pegaron en la embarcación y lo hicieron caer de su ‘cómodo’ sitio. La caída dolió pero cuando se vio junto a Mendé sintió alivio. Ya podría hacerle preguntas sin avergonzarse por estar quitándole la capacidad de respirar.
Susurró: “Mendé, ¿sabes qué estamos haciendo aquí? ¡Mendé, Mendé, responde por favor!". Otro suspiro y ahora una voz más vivaz dijo: “¿Quieres oír la triste historia de cómo llegó tu cuerpo a estar sobre el mío?”. Ashanti respondió de inmediato que sí.
“Tú, como yo, y como las otras docenas de personas que están tiradas en el piso de esta embarcación, fuimos presos por hombres blancos. La mayoría nos encontrábamos andando por el campo, cuando de repente un grupo de ‘blancos’ nos atacaron. Si no oponías resistencia no te maltrataban, pero si luchabas eras golpeado hasta dejarte inconsciente. Creo que ese fue tu caso, por eso no recuerdas nada. A los que podíamos caminar nos obligaron a cargar a los aturdidos por los golpes que no podían mantenerse en pie. Somos tantos que este barco fue insuficiente y acabamos unos encima de otros, como animales. Los días de tranquilidad en nuestros pueblos han terminado, ahora somos ‘animales’ de los hombres blancos”.
Mendé calló y unas lágrimas corrieron por sus mejillas. El pensar que nunca volvería a ver a su mujer y sus hijos le partía el corazón. “Qué harán sin mí, ¿quién les enseñará a cultivar y a cazar?, ¿cómo sobrevivirán al tiempo de sequía? Se arrepintió de haber salido de la aldea a pesar de los rumores sobre las atrocidades que los ‘blancos’ llegados del mar estaban realizando.
Ashanti tenía más preguntas pero entendió, por el sollozo de Mendé, que no era el momento. Saber del futuro estaba de más en ese instante que el pasado dolía tanto. Por ahora debía conformarse con conocer cómo había llegado hasta allí. Quizás después otro movimiento impetuoso del barco daría espacio para más cuestionamientos.
Sandra Grisel. Abril de 2017.
jueves, 18 de mayo de 2017
Escribir requiere de una buena disposición por Karla Rojas
Escribir requiere de una buena disposición y de preparación. La imaginación se potencia cuanto más trabajamos para liberarla. Ya he dicho que escribir cada día de la semana y leer es una forma, así como escribir sobre lo que has vivido, pero si ya has agotado todas tus experiencias tienes que comenzar a ver a las personas que te rodean.
¿Tienen alguna cicatriz en el rostro o parte de su cuerpo? Crea una historia que cuente la forma en que se hicieron de esta marca. Ver a las personas: su físico, la forma de interactuar, el vocabulario que utilizan, los ademanes y muecas que hacen al charlar e incluso lo que dicen, te puede ayudar para narrar su vida (la que tú les vas a crear).De ahora en adelante no sólo se tratará de escribir sino de observar, observar con otros ojos.
Karla Rojas, coordinadora de taller.
miércoles, 17 de mayo de 2017
Algodón de azúcar por Sonia Herrera
Decidí subirme al altozano para observar mejor, creyendo que esa elevación era natural; grande fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba parada sobre un altísimo cerro de basura. Bajé de mi otero y comencé a caminar, o mejor dicho, a tropezarme con la gran cantidad de desperdicios. Fue como entrar a otro mundo; a un mundo bizarro, un mundo paralelo que difícilmente uno puede imaginar que exista. Es cierto que había escuchado historias acerca de este lugar y sus habitantes, pero, ¡verlo ahí, frente a mí, dándome la bienvenida con sus olores rancios, fétidos, que se impregnaban de manera sarcástica en mi ropa, en mi pelo, en mi piel, en mi conciencia!, ¡fue algo realmente inverosímil! De pronto vi a decenas de hombres y mujeres que aparecían, cual fantasmas, deslizándose entre los túmulos de desechos. ¡Eran los pepenadores! Hurgando entre cajas, televisores descompuestos, colchones rotos, latas, papeles, bolsas plásticas, llantas, ropa, ¡cadáveres!; con la finalidad de hallar aquello que aún puedan comercializar, aquello que les pueda ser útil.
Me adentré un poco más, puse sumo cuidado en cada paso que daba, pues corría el riesgo de pisar, entre tanta inmundicia, algo que pudiera herirme; aunque nada se habría comparado con el dolor que sentí al descubrir, entre miles y miles de toneladas de basura, ¡a unos niños! inocentes rodeados de jugos tóxicos que salen de bolsas repletas de desechos orgánicos. Los más grandes, trabajaban también en la pepena al igual que sus padres, y los pequeños creciendo como pueden, ahí, entre tanta basura; hijos de la pobreza extrema, de la crianza negligente provocada por la necesidad, la ignorancia y la miseria.
Un zumbido que vibraba bajo mis pies, me anunció el inicio de la delirante y libertina danza que millones de moscas se preparaban a realizar. Me di cuenta que cuando éstas vuelan, el cielo se ennegrece, de tal manera, que parece un eclipse total de sol. Los pequeñines, descalzos, con espadas hechas con palos, golpean la costra de moscas, deseando que al menos un rayito del sol poniente, dé calor a sus almas y a sus cuerpos infantiles, desvalidos y friolentos. Cuerpos de niños rotos, deshechos, malformados por las inclemencias de la vida, de su existencia en total abandono.
Me adentré un poco más, puse sumo cuidado en cada paso que daba, pues corría el riesgo de pisar, entre tanta inmundicia, algo que pudiera herirme; aunque nada se habría comparado con el dolor que sentí al descubrir, entre miles y miles de toneladas de basura, ¡a unos niños! inocentes rodeados de jugos tóxicos que salen de bolsas repletas de desechos orgánicos. Los más grandes, trabajaban también en la pepena al igual que sus padres, y los pequeños creciendo como pueden, ahí, entre tanta basura; hijos de la pobreza extrema, de la crianza negligente provocada por la necesidad, la ignorancia y la miseria.
Un zumbido que vibraba bajo mis pies, me anunció el inicio de la delirante y libertina danza que millones de moscas se preparaban a realizar. Me di cuenta que cuando éstas vuelan, el cielo se ennegrece, de tal manera, que parece un eclipse total de sol. Los pequeñines, descalzos, con espadas hechas con palos, golpean la costra de moscas, deseando que al menos un rayito del sol poniente, dé calor a sus almas y a sus cuerpos infantiles, desvalidos y friolentos. Cuerpos de niños rotos, deshechos, malformados por las inclemencias de la vida, de su existencia en total abandono.
Estos niños han nacido ahí; ahí comen, ahí juegan, ahí crecen, ahí duermen perseguidos por cientos de gusanos salidos del vientre podrido de un perro muerto; asediados por el nauseabundo olor del cadáver de una rata, que se introduce por sus orificios nasales, acribillándolos por dentro hasta hacerles saltar las lágrimas de sus pequeños ojos con sueño. Estos horrores, estas pesadillas, no les dejan tregua para el descanso; no les dan la oportunidad de soñar, de alcanzar el cielo azul con sus manitas y comerse un trozo de nube, hecha de algodón de azúcar.
Sonia Herrera, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, enero 2017.
Sonia Herrera, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, enero 2017.
viernes, 5 de mayo de 2017
Escribir todos los días por Karla Rojas
Escribir todos los días te ayudará a crear el hábito y éste el oficio. Las personas que pretenden dedicarse a la literatura deben escribir y leer a diario.
Con la lectura incrementarán la imaginación. Los lugares, personas, épocas y mundos que conozcan a través de ella servirán como modelo para crear los propios.
El acto de la lectura al igual que el de la escritura es mejor realizarlos en solitario. Para ambos busca un lugar cómodo, prepara una bebida y acerca todo lo que puedas necesitar, para no interrumpir tu quehacer literario.
"Escribir no es un milagro sino un trabajo que se perfecciona en la constancia".
Rosario Castellanos, Rito de iniciación.
Karla Rojas, coordinadora del taller.
jueves, 4 de mayo de 2017
Relato de fantasmas por Angélica Moreno
Corría la tarde en casa de la abuela, recuerdo la manera particular en como la luz, sin pedir permiso, entraba por toda la sala y cubría los sillones dejando al descubierto lo viejo que estaban. Esa luz que parece cabello dorado, esa luz antes de que anochezca, que no es intensa, que no quema, que no calienta, pero que sin embargo anuncia que el día está por acabarse; en particular, en casa de la abuela anunciaba que estaban por llegar las cosas más aterradoras que en aquel momento podía sentir. Todo empezaba en las escaleras, una especie de aroma, de luz me hacía querer subir por ellas. Era algo inexplicable no poder dejar de mirarlas. Parecía que aquello que estaba allí, me seducía, quería que me acercara, que la buscara, que con mis ojos la mirara. Terminaba cediendo ante ese enigma, me acercaba a las escaleras, subía por ellas, ya estaba dentro, ya le pertenecía. Al tercer escalón un frío recorría todo mi cuerpo, un olor a flores marchitas se percibía, y un respiro espeso sentía en la espalda. Ahora sentía que alguien seguía mis pasos, insistiendo que siguiera subiendo. El olor a flores marchitas, era viejo, era antiguo, era suave pero picaba. Se impregnaba en mi nariz y en mi memoria, de esos olores que jamás se olvidan a pesar del tiempo, de esos olores que después de años los reconozco y me transportan al pasado. De repente entre esa luz, ese olor, ese frío, esa pesadez, ese algo que estaba detrás de mí, me suspiraba y me susurraba algo al oído, que nunca alcance a entender, ni siquiera a escuchar, era una palabra, era una frase, a veces era sólo un simple sonido, pero cuando era benefactor me decía frases completas, que aunque nunca entendía, eran largas y seguramente con un mensaje que siempre quise saber. Al terminar de pasar por cada escalón, el cuarto de Camilo era la morada de la pesadez, del olor, del frío, de los susurros. Era como si sólo quisiera que lo acompañase hasta su cuarto, hasta donde habitaba. Nunca conocí a Camilo, era hermano de mamá, hijo de mi abuela, cuñado de mi padre y tío mío por lo que me han contado. Le pongo un rostro porque hay una foto de él en la sala vieja de la abuela, que nunca ha querido quitar. Camilo, era una ausencia muy presente, estudiaba hace muchos años en la normal de maestros, una noche de cualquier mes, no regresó a casa de la abuela, nunca regresó a cumplir con su promesa de sacarlos adelante, nunca regresó a sacar a la abuela de trabajar, ¿por qué? Porque desapareció, o lo desaparecieron, no lo sé, no lo sabemos, sólo alguien lo sabe en algún lugar de no sé dónde. Camilo fue uno de los miles de las cifras oficiales y extraoficiales que nunca regresó a donde lo esperaban, que desapareció. Una ausencia muy presente que siguió a la familia y a mí durante todas las tardes y noches en casa de la abuela. Un desaparecido que se convirtió en un olor, en un frío, en una pesadez, en susurros, en suspiros que recorrían toda la casa de la abuela, a toda la familia de mi madre y a mí durante todo este tiempo.
Angélica Moreno, Centro Cultural Ignacio Ramírez del ISSSTE, marzo 2017.
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Cómo lograr escribir por Karla Rojas
Es común escuchar a personas decir que les gustaría escribir, pero… un sinfín de excusas. Lo cierto es que muchas de éstas son parte del te...