Después de tres horas inconsciente, Ashanti abrió los ojos. Como un acto reflejo buscó incorporarse pero se dio cuenta que estaba atado de pies y manos. Se movió desesperadamente, tratando, de manera infructuosa, de liberarse de la soga que le estaba cortando la circulación.
Al notar que no estaba logrando nada, dejó de moverse. Pudo sentir su respiración agitada, en su cabeza retumbaba el latido de su corazón. Abrió la boca para jalar aire pero lo que respiró fue un hedor que mezclaba humedad, orines y pan rancio.
“¿Qué había pasado?”. Buscó en su memoria el último suceso guardado. Se vio saliendo de su hogar para llevar hierbas a su tío que vivía en la población vecina. Caminó desde el amanecer hasta que el sol se encontraba en su punto más alto. Decidió hacer un descanso para beber agua en el manantial. Se agachó para tomar el líquido en sus manos. Luego, un golpe, sí, algo le había pegado en la cabeza. Pero, ¿después?, ¿cómo había llegado a ese pestilente lugar?
“¿Dónde estoy?”, gritó impaciente. No recibió respuesta. “¿Dónde estoy?”, volvió a vociferar. Fue entonces que se escuchó una apagada voz de hombre respondiendo: “Estás encima de mí”. Ashanti se dio cuenta de que bajo su cuerpo había algo, más bien alguien. Perturbado por la situación guardó silencio. ¿Por qué estaba sobre otro ser?, ¿qué estaban haciendo ellos dos en ese lugar? Venciendo su turbación preguntó: “¿quién eres?”. Espero respuesta, no la hubo.
De repente un suspiro y la frase: “Soy Mendé”. De nuevo el silencio. Ashanti quiso preguntar más pero le pareció que hacer hablar a alguien que estaba soportando el peso de otro cuerpo no era adecuado. Decidió no decir más. Reconstruyó una y otra vez los últimos recuerdos que tenía para entender su situación.
Su trabajo mental fue interrumpido por un violento movimiento que cimbró todo el sitio. Entonces comenzó un vaivén que dio a Ashanti una pista: se encontraba sobre el agua. Ese movimiento le era familiar. Cuando salía de pesca con su padre ese balanceo los acompañaba todo el tiempo que permanecían en altamar. Ashanti puso atención al movimiento y sí, reconoció el oleaje del mar.
“¡Mendé! ¡Mendé! ¡Estamos navegando! No obtuvo respuesta. Pero, “¿cuál era el destino al que se dirigían?”. De nuevo suspendió sus cavilaciones cuando las olas pegaron en la embarcación y lo hicieron caer de su ‘cómodo’ sitio. La caída dolió pero cuando se vio junto a Mendé sintió alivio. Ya podría hacerle preguntas sin avergonzarse por estar quitándole la capacidad de respirar.
Susurró: “Mendé, ¿sabes qué estamos haciendo aquí? ¡Mendé, Mendé, responde por favor!". Otro suspiro y ahora una voz más vivaz dijo: “¿Quieres oír la triste historia de cómo llegó tu cuerpo a estar sobre el mío?”. Ashanti respondió de inmediato que sí.
“Tú, como yo, y como las otras docenas de personas que están tiradas en el piso de esta embarcación, fuimos presos por hombres blancos. La mayoría nos encontrábamos andando por el campo, cuando de repente un grupo de ‘blancos’ nos atacaron. Si no oponías resistencia no te maltrataban, pero si luchabas eras golpeado hasta dejarte inconsciente. Creo que ese fue tu caso, por eso no recuerdas nada. A los que podíamos caminar nos obligaron a cargar a los aturdidos por los golpes que no podían mantenerse en pie. Somos tantos que este barco fue insuficiente y acabamos unos encima de otros, como animales. Los días de tranquilidad en nuestros pueblos han terminado, ahora somos ‘animales’ de los hombres blancos”.
Mendé calló y unas lágrimas corrieron por sus mejillas. El pensar que nunca volvería a ver a su mujer y sus hijos le partía el corazón. “Qué harán sin mí, ¿quién les enseñará a cultivar y a cazar?, ¿cómo sobrevivirán al tiempo de sequía? Se arrepintió de haber salido de la aldea a pesar de los rumores sobre las atrocidades que los ‘blancos’ llegados del mar estaban realizando.
Ashanti tenía más preguntas pero entendió, por el sollozo de Mendé, que no era el momento. Saber del futuro estaba de más en ese instante que el pasado dolía tanto. Por ahora debía conformarse con conocer cómo había llegado hasta allí. Quizás después otro movimiento impetuoso del barco daría espacio para más cuestionamientos.
Sandra Grisel. Abril de 2017.